Un Zenfone 2 olvidado en un taxi
El día del regreso de viaje. Parcial dos horas después. Así empieza todo: perdiendo un celular.
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Nuestra historia
Protegiendo celulares Xiaomi desde 2018, con todo el inventario en Colombia. Es lo único que hacemos, y por eso lo hacemos bien.
El día del regreso de viaje. Parcial dos horas después. Así empieza todo: perdiendo un celular.

La decisión final fue Redmi Note 5 Pro contra Mi A2. Ganó el Redmi Note 5 Pro.
Todavía lo conserva. Ya no está en servicio, la batería se infló con los años, pero el aparato existe. Es el objeto que originó la marca.
La respuesta se repite en toda la ciudad: «no conocemos esa marca».
«No conocemos esa marca.» Esa frase, repetida en todo lado, fue el punto de partida.
La funda transparente de caja se desprendió en pleno aire. Celular destrozado. Era el primero comprado con su propio dinero.
El problema que todavía resolvemos empezó con una funda que no cumplió su única tarea.
En agosto de 2018 llegó el primer inventario completo, comprado en AliExpress con dinero de becas de excelencia universitarias: Mi A1, Mi 6, Redmi 4, Redmi Note 5 y Redmi Note 5 Pro.
Dos lámparas de estudio contra una pared blanca. Las fotos se subían a Instagram. Ese fue el primer canal de venta.

Las fundas vivían en un mueble de la casa, apiladas contra un cuadro apoyado en la pared y compartiendo balda con los desodorantes y los pegantes. No había bodega ni estantería ni un lugar propio: había un cajón, y adentro estaba la empresa entera.
Es una locura, pero hace parte de la historia.

El nombre no se pensó demasiado. Ese mismo año Xiaomi llegó oficialmente a Colombia: MIcase no siguió al mercado, nació con él.

Todavía no había tienda. Se vendía por Instagram y por WhatsApp, y todo se empacaba en la casa. Unos diez modelos, tres o cuatro unidades de cada uno: si algo se agotaba, se agotaba de verdad.
El logo con el que abrió la tienda se diseñó el 16 de diciembre de 2019, seis meses antes de que la tienda existiera. No fue un impulso: la marca se preparó antes de lanzarse.

Las primeras cajas con el logo impreso son del 7 de mayo de 2020, dos meses antes de que la tienda abriera. El orden fue ese: primero el logo, en diciembre de 2019; después la caja, en mayo; la tienda de última. Antes de poder vender en línea ya había con qué entregar.

Ese año me quedé solo en la casa familiar. Mi mamá había fallecido seis meses antes y me tocó hacerme cargo de todo mientras seguía en la universidad. Tenía una hernia umbilical y no podía moverme; una prima vino desde Armenia a cuidarme. Entre el encierro y no poder salir, me puse a estudiar Shopify y cómo se hacía tráfico. El 6 de julio de 2020 abrió la tienda.
Me daba miedo pagar los treinta dólares al mes de Shopify. La pauta me daba más miedo todavía.
Ya tenía más experiencia y le hice muchos más cambios a la tienda. Ese año terminé la universidad. Pero no me estaba tomando el negocio en serio: de febrero a agosto los pedidos se multiplicaron por ocho y yo estaba mirando para otro lado.

Hasta ahí las fotos eran las del proveedor. En febrero de 2021 empezamos a hacerlas nosotros: cámara, luz de la tarde, las fundas sobre el pasto, sobre la piedra, entre las flores. Sin estudio y sin presupuesto, pero propias. Fue el primer intento de que la marca se viera distinta.

3 de junio de 2021, en la casa de Ibagué. Dos torres de cajas en el piso, al lado de las bolsas de transporte y del ropero. Ese mes los pedidos se duplicaron frente al anterior. Hoy suena poco; ese día, viendo la pila, era enorme.
Ver esa pila en el piso, en ese momento, era como wow.

La primera caja personalizada es del 4 de diciembre de 2021. En vez de imprimir un eslogan propio, imprimimos lo que había escrito una clienta, con sus cinco estrellas: «Definitivamente son los #1 en accesorios de Xiaomi en Colombia». La caja no hablaba de nosotros. Hablaba alguien que ya había comprado.
Prevenir es mejor que lamentar. Sabia decisión.
Estuve enfocado en otras cosas y la tienda siguió andando sin mí. No fue suerte: fue la certeza y la confianza que ya se habían construido con la gente que compraba. Se empacaba en la casa, sobre un escritorio de madera, con la báscula al lado y las fundas guardadas en un estante. Aun así el año cerró 42% por encima del anterior.
A punta de certeza y confianza es que el negocio se mantenía.

24 de marzo de 2022. Camiseta con el logo, el barrio de fondo, la funda en la mano. Dejamos de fotografiar solo el producto y empezamos a aparecer nosotros. Una tienda que muestra la cara de quien responde los mensajes deja de ser una tienda anónima.
El primer anuncio producido de verdad, grabado con cámara semiprofesional. Semanas después le apareció a una persona cercana, que me lo reenvió sin saber lo que significaba. Ver la marca llegar sola hasta alguien que yo conocía fue la prueba de que ya existía por fuera de mi casa.
Me hizo mucha ilusión saber que eso estaba pasando y que la marca se estaba mostrando.

En mayo el inventario ya no cabía: el estante lleno, las bolsas de envío apiladas en el piso. Así que en junio unimos una habitación con el estudio. El 9 de junio a las 10:30 de la mañana la pared estaba en el suelo; el 16 ya estaban resanando y pintando. No fue una obra de empresa: fue tumbar una pared de la casa para que la operación cupiera.

Después de tumbar la pared llegó lo demás. En julio, la máquina de hidrogel que siempre quise: la que permite cortar el protector a la medida de cada modelo, en el momento, sin depender de que exista el molde. En agosto, el logo en la pared. En octubre, el aviso de neón encendido sobre el escritorio. El cuarto donde se empacaba dejó de ser un cuarto.
Empecé a jugar pádel y entendí algo que solo no había entendido: en un deporte de equipo hay que confiar en el otro. Eso fue lo que me abrió a la idea de trabajar con alguien más. Cerré el año con el mejor diciembre hasta entonces, y todavía solo.
No hubo una crisis que me obligara. Hubo una cancha que me enseñó.

13 de junio de 2023. Las cajas blancas apiladas contra la baranda de la escalera y las bolsas de envío formando su propia torre. Junio de 2023 cerró con 253 pedidos: el mes más alto de ese año, y todavía sin equipo.

8 de noviembre de 2023. La tira de guías de envío de un día, colgada al cuello como una bufanda. Al fondo, el neón encendido y el espacio ya reorganizado: la estantería se había mudado al cuarto de al lado y las fotos de producto se estaban haciendo de otra manera.

El 1 de marzo de 2024, el escritorio reorganizado: dos monitores, el neón encendido, el plan pegado en la pared. Nueve días después, en Barranquilla, frente a un buque de contenedores entrando al río. Uno es el trabajo de todos los días; el otro es hacia dónde. Ese mes fue de visualizar el crecimiento antes de tenerlo.
En abril de 2024 la conocí en la cancha de tenis de la universidad. Un día le pregunté si le gustaría trabajar conmigo y dijo que sí. Fue nuestra primera líder de logística.
Fue una etapa corta, pero me enseñó demasiado.
Mauricio entró meses después. De cariño le decimos Morita. Fue una relación de aprendizaje mutuo y estuvo con nosotros bastante tiempo.

En agosto de 2024 entró a suplir a Mariana en logística y terminó metiéndose en todo lo importante. Por esos días también empezó Claudia, que sostiene el orden desde entonces.
Victoria es una bendición en MIcase. Me siento respaldado.

En junio de 2024 llegó la caja nueva: negro profundo mate, sello de seguridad, aviso de frágil. En septiembre, el inventario ya tenía su propia habitación: tres estanterías, todo clasificado y a la vista, nada en el piso. Seis años después del cajón que se compartía con los desodorantes.
Tres o cuatro meses de trabajo fuerte en Mercado Libre y llegamos a Gold. Seguimos peleando el siguiente escalón.
Una reseña de una estrella se responde completa, en público, sin plantilla y sin discutir.

En junio de 2025 dejé de pensar como vendedor y empecé a pensar como empresa: cultura organizacional, crecimiento interno de cada integrante, decisiones a largo plazo.

26 de julio de 2025, ocho y media de la mañana, en el parque. Hacíamos caminatas de meditación con frecuencia, antes de empezar la jornada. La cultura de la que hablo no se escribió en un documento: se armó en cosas como esta.

Agosto de 2025. Con ella el equipo empezó a coger forma de verdad. Hoy lleva social media y ventas.

18 de agosto de 2025. Jimena, Victoria, Mariana, Mauricio y yo, sentados a la misma mesa. Fue la primera vez que nos reúnimos a decidir hacia dónde iba la empresa, en vez de resolver el día. Ese desayuno fue el momento en que dejamos de ser un negocio que funcionaba solo.

1 de septiembre de 2025. Victoria armando las cajas negras en el piso de la bodega. En la tapa, otra vez, cinco estrellas y la frase de una clienta. Cuatro años después de la primera caja personalizada, la idea sigue siendo la misma: que lo primero que se lea sea la voz de alguien que ya compró.
19 de septiembre de 2025. Viajamos los cuatro a conocer por dentro las bodegas de Mercado Libre, para entender qué pasa con un pedido después de que sale de acá. Nos quedamos en una casa japonesa, construida para gastar poco y molestar menos. Fue trabajo, pero también fue el primer viaje del equipo completo.
Segundo semestre de 2025. Camila estuvo unos tres meses. Mariana regresó, esta vez como líder de marketing, e hizo un trabajo muy bueno durante varios meses.

30 de noviembre de 2025, en Bucaramanga. Seis días de inmersión en el Luque Business Summit, los cuatro con la camiseta de MIcase. No fuimos a aprender a vender más: fuimos a aprender a sostener lo que ya estaba vendido.
Diciembre de 2025. Los resultados no correspondían a lo que estábamos invirtiendo en tiempo, recursos y personas. No había delegado bien. Decidí volver a meterme de lleno y hacerme cargo del tráfico, que además era lo que más disfrutaba.
Nos separamos en los mejores términos. Cada quien aportó algo que todavía está acá.

22 de diciembre de 2025. Los primeros empaques personalizados de MIcase, uno por producto: bolsa negra con el logo, el modelo escrito a un lado y los cuatro símbolos de lo que prometemos. Fueron 25.000 de una sola vez. Era un sueño de años: que la funda llegara en algo nuestro y no en una bolsa genérica.
Sebastián, Victoria, Jimena y Claudia. Y Miko, que se enrolla para proteger, igual que nosotros.
Detrás de cada pedido hay personas con nombre, no un centro de despacho anónimo.
2026 · Quiénes somos hoy








Lo que hacemos
No vendemos de todo un poco. Cuando te especializas reduces errores y subes la calidad. Eso es lo que te da tranquilidad cuando compras.
Ver fundas para mi XiaomiCifras verificadas. Los pedidos suman tienda propia, Mercado Libre y WhatsApp; las opiniones son las publicadas por clientes con pedido.
Cómo trabajamos
Sin comportamiento observable no hay forma de evaluar ni de corregir. Por eso cada valor trae la pregunta que nos hacemos antes de actuar y la conducta concreta donde se ve si se cumplió.
«Lo que está en orden afuera, está en orden adentro.»
¿Esto refleja orden, o desorden que luego se va a notar afuera?
Inventario con el modelo exacto rotulado. Un pedido que sale con la referencia que dice la factura, siempre.
«Como haces algo, haces todo.» Se hace desde el ser, no desde el afán.
Si esto fuera lo único que alguien viera de MIcase, ¿representaría lo mejor de nosotros?
La foto del producto menos vendido tiene el mismo cuidado que la del más vendido.
No es lo que haces, sino cómo lo haces.
¿Cómo actuaría la versión más consciente de mí mismo en esta situación?
Un error se avisa al cliente antes de que él lo descubra, con la solución ya en el mismo mensaje.
Lo opuesto al amor es el miedo.
¿Esta respuesta viene del miedo — defensiva, cortante — o del amor: generosa, cálida, presente?
Una reseña de una estrella se responde completa, en público, sin plantilla y sin discutir.
No puedes encontrar afuera lo que no nace adentro.
¿Estoy actuando desde la escasez — regatear, restringir — o desde la abundancia?
Lo que se anunció se cumple, aunque el error haya sido nuestro y cueste.
El ser real que te habita, despierto.
¿Esto suena genuino y propio de MIcase, o es una copia genérica de cualquier otra marca?
Ningún asset de la marca es un asset de Xiaomi con nuestro logo encima.
El silencio no es una opción operativa.
¿Alguien está esperando una respuesta mía que todavía no he dado?
Ningún cliente queda sin respuesta. Los problemas se avisan antes de que el cliente los descubra.